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1/1/14

Orgullo, gula, apatía, indiferencia hacia los pobres

Ezequiel 16:49
Tu hermana Sodoma y sus aldeas pecaron de soberbia, gula, apatía, e indiferencia hacia el pobre y el indigente.  

Los pecados de Jerusalén se parecían a los de su hermana Sodoma. No se menciona lo de ir en pos de una carne diferente, que era la abominación más clara y evidente de las ciudades infames o indignas que causaban repugnancia y horror, sino aquellos otros pecados que abren la puerta a esos otros más sucios. El orgullo fue lo que convirtió en demonios a los ángeles caídos. La glotonería o gula. La apatía, odio al trabajo y el amor a la comodidad, lo cual abre la puerta a todos los vicios. Las aguas estancadas acumulan la suciedad, y el pájaro que se sienta despreocupado es pronto presa del cazador. Con el orgullo, la abundancia y la ociosidad, iba de la mano la falta de interés o indiferencia hacia el pobre y el indigente.  

No dejemos que la abundacia nos impida ver las necesidades de otras personas sobretodo de nuestros hermanos en la fe. Que el orgullo no levante muros que limiten nuestras relaciones con los demás, no seamos fariseos haciendo las cosas por religión, que el amor derribe esos muros para gloria del Creador. Trabajemos por un mundo mejor amando al prójimo como a nosotros mismos, así nos manda el Padre Celestial. No nos limitemos a hacer lo justo y necesario para nosotros mismos. Dejemos que las bendiciones que el Señor nos da fluyan hacia otras personas.

17/12/13

El Dios que se da a conocer

Leer | Hebreos 1.1-4

Las personas tienen toda clase de ideas distorsionadas acerca de Dios, y por tanto, tienen una perspectiva equivocada de la vida; por ejemplo, pueden pensar que la vida es simplemente producto de la casualidad. Pero el Señor del universo no deja nada al azar.

Debido a que Dios quiere que veamos la vida de la manera correcta, su Palabra nos da una descripción clara de quién es. Una manera que tiene el Señor de darse a conocer, es por medio del mundo material. La Biblia dice que “los cielos cuentan la gloria de Dios” y “un día comparte a otro la noticia” en cuanto al Autor de la creación (Sal 19.1, 2 NVI). Ellos anuncian su fuerza y su magnificencia. Del mismo modo, el viento y las olas declaran el poder de nuestro Dios maravilloso. Y, de manera parecida, toda la naturaleza nos habla del genio creativo de nuestro Hacedor.

Otra manera que Dios elige para darse a conocer, es por medio de la conciencia de la persona. Incluso quienes nunca han escuchado hablar de las leyes de Dios, saben instintivamente qué es bueno y qué es malo (Ro 2.11-15). Hay ateos que nunca mentirían, robarían o matarían. Este sentido de moralidad lo ha impreso Dios en la conciencia de todo ser humano.

Muchas personas obedecen a sus conciencias, pero no quieren creer en Dios o reconocer que tendrán que rendir cuentas a Él. El hecho es que la incredulidad no anula su responsabilidad para con el Señor. La evidencia de su existencia es innegable, pero Él no obligará a nadie a creer. Toda persona tiene que tomar una decisión: ¿Rendiré culto a un dios de mi propia creación, o al Dios que me creó?

26/4/12

Cómo desarrollar paciencia

Leer | SANTIAGO 1.1-4

Cuando las personas me dicen en confianza que están orando por paciencia, muchas veces les pregunto qué otras cosas están haciendo para tener un corazón calmado y apacible. La paciencia no es tanto algo que los creyentes reciben, sino más bien una cualidad que desarrollan con el tiempo y la experiencia.

Pensemos en la paciencia como un músculo que tenemos que utilizar para verlo desarrollado. Para ello, los creyentes deben reconocer la dificultad como una oportunidad para incrementar su paciencia. El instinto humano es clamar a Dios consternados cuando la tribulación toca nuestra puerta. Echamos la culpa a otros. Nos resistimos. Nos quejamos. Lo que no hacemos es decir: "¡Gracias, Señor —es el tiempo de crecer en la paciencia!" Las personas no están acostumbradas a pensar de esa manera, pero según la Biblia, así es exactamente cómo deben responder.

Santiago nos dice que pensemos en las pruebas como un motivo de gozo (1.2), pero a menudo fallamos en esto. Humanamente hablando, alabar al Señor por las tribulaciones es ilógico. Sin embargo, hacer esto comienza a tener sentido cuando nos aferramos a la promesa de Dios de que todas las cosas ayudan a bien (Ro 8.28). No estamos esperando en el Señor en vano.

Aceptar las adversidades como un medio de crecimiento, es un concepto radical. Aun más radical es el creyente que alaba al Señor por la tormenta. Pero los seguidores de Dios tenemos motivos para alegrarnos. Las tribulaciones aumentan nuestra paciencia, para que podamos mantenernos firmes.

25/4/12

Cómo seguir la agenda de Dios

Leer | ROMANOS 11.33-36

A la mayoría de nosotros nos gusta sentir que tenemos el control de nuestra agenda, y nos frustramos cuando las cosas no salen según lo planeado. Pero si realmente deseamos andar en el centro de la voluntad de Dios, debemos estar dispuestos a cooperar con sus planes.

Piense en la manera cómo ora, en cuanto a las situaciones de su vida. Sin que se dé cuenta, es posible que le esté exigiendo a Dios que siga la agenda que usted ha hecho. Pero si creemos que Él es quien dice ser, ¿cómo puede el entregarse a su dirección no ser para nuestro beneficio? Piense en las asombrosas cualidades del Señor:

Su conocimiento total. A diferencia de nosotros, el Señor tiene conocimiento absoluto de nuestro mundo, y de los detalles pasados, presentes y futuros de cada vida.
Su sabiduría absoluta. Dios entiende todos los motivos del hombre, pues tiene la sabiduría para tomar acciones basadas en la verdad.
Su amor incondicional. Nuestro Creador está motivado por el amor, y continuamente quiere lo mejor para nosotros. A menos que confiemos en su amor, nuestra perspectiva de la realidad será distorsionada.
Su suficiencia perfecta. A su debido tiempo, Dios nos dará todo lo que necesitamos para llevar a cabo su plan.
Someter nuestra agenda a Dios requiere fe y valentía; creer en la generosidad de su corazón y en sus planes; y decidir esperar hasta que Él dé la señal para seguir adelante. Después, a medida que siga la agenda del Señor, usted experimentará el gozo de verlo obrando en su tiempo.

23/4/12

Cómo aprender de los fracasos

Leer | LUCAS 22.31-34

El discípulo Pedro fue un hombre de gran fe. Pero como sabemos, su estilo impetuoso lo llevó a veces a cometer errores humillantes. Más de una vez, este discípulo tuvo que ponerse la etiqueta de "fracasado infeliz" en vez de la de "siervo obediente".

Todos nos identificamos con esto cuando se trata de no estar a la altura de las expectativas. La obediencia a Dios es un proceso de aprendizaje, y el fracaso es parte de nuestro desarrollo como siervos humildes. Cuando nos rendimos a la tentación o nos rebelamos contra Dios, nos damos cuenta de que las recompensas por el pecado son pocas, y que aun éstas son efímeras.

El fracaso es una excelente herramienta de aprendizaje, como bien podría confirmar Pedro. Por medio de ensayo y error, descubrió que debemos ser humildes (Jn 13.5-14); que los caminos de Dios son más altos que los del mundo (Mr 8.33); y que uno nunca debe apartar su mirada de Jesús (Mt 14.30). Pedro tomó muy en serio estas lecciones, y por eso vio fortalecida su fe. ¿No es eso Romanos 8.28 en acción? Dios aprovechó los fracasos de Pedro como material de capacitación, porque el discípulo estaba deseoso de madurar y servir.

Dios no recompensa la rebeldía ni el pecado. Pero bendice a los que optan por el arrepentimiento, y aceptan la corrección como una herramienta para el crecimiento.

Probablemente todos nosotros preferiríamos crecer en nuestra fe sin jamás cometer un error ante los ojos de Dios, pero no podemos negar que los traspiés son instructivos. El fracaso enseña a los creyentes que es mucho más sabio y más provechoso ser obedientes al Señor.

13/3/12

La carnada del placer momentáneo

Leer | GÉNESIS 25.29-34 


Usted probablemente haya leído la historia de Jacob y Esaú, y pensado: No puedo creer que Esaú haya vendido su primogenitura por un plato de lentejas. ¡Qué necio! Pero pensemos más allá de primogenituras y del plato de lentejas. ¿Hay algo de verdadero valor que usted está negociando por algo de menor valor? En otras palabras, ¿cuál es su "plato de lentejas?"
¿Se ha dedicado a perseguir la riqueza y dedicarse a una carrera a expensas de su familia? Tal vez su ocupada agenda le ha impedido pasar tiempo con Dios en su Palabra cada día. Algunas personas se involucran en relaciones extramaritales, dejando a su familia por la satisfacción de sus deseos lujuriosos. Otras sacrifican su salud consumiendo sustancias dañinas o adictivas, o excediéndose en la comida. La lista es interminable.
Algunas decisiones que tomemos hoy pueden robarnos las bendiciones que Dios quiere darnos. Cuando usted cede a la tentación en un momento de debilidad, está sacrificando su futuro por el placer momentáneo. No podemos basar nuestras decisiones en deseos o sentimientos inmediatos. Puesto que el principio de la siembra y la cosecha no puede invalidarse, tenemos que considerar cuidadosamente lo que estamos plantando. La cosecha vendrá, y cosecharemos lo que hayamos sembrado, y más de lo que hayamos sembrado.
¿Ha pensado usted hacer algo que podría tener graves consecuencias a largo plazo? Una persona sabia evalúa las opciones de antemano para ver qué consecuencias pudieran acarrearle sus acciones. No permita que "un plato de lentejas" detenga los planes maravillosos que Dios tiene para usted.

17/2/12

La vida en libertad

Leer | ROMANOS 6.1-14 


Cuando Eva aceptó la proposición de Satanás de una mayor independencia de Dios, ¿cree usted que ella tuvo más libertad? La respuesta es obvia. Ella, Adán, y toda la humanidad nos convertimos en esclavos del pecado desde ese momento. Lo que pareció excelente en el huerto, terminó siendo una esclavitud fatal.
Aunque Cristo ha liberado a los creyentes de la esclavitud del pecado, muchas veces, al igual que Eva, anhelamos tener la "libertad" de hacer lo que queramos. De manera que, cada vez que cedemos a los deseos pecaminosos, nos comportamos como esclavos en vez de vivir como hijos libres de Dios. El Señor nos ha concedido su Espíritu Santo; si nos rendimos a su dirección, Él nos da el poder para decirle no al pecado.
Las consecuencias de volver a nuestros viejos caminos son devastadoras. Nos hundiremos más en la esclavitud del pecado, perderemos la paz y el gozo de la comunión con Cristo, entristeceremos al Espíritu Santo, y nos encontraremos bajo la mano correctiva de Dios. En realidad, podemos convertirnos en un obstáculo para servir a Dios. Siempre que usted cae en la hipocresía de vivir como lo hace el mundo, arruina su testimonio. Sus amigos, familiares y compañeros de trabajo, le están observando. Si no ven ninguna diferencia entre usted y ellos, ¿por qué desearían tener el Salvador que usted tiene?
Si Satanás le dice que las prohibiciones que Dios le pone le están privando de algo bueno, recuerde lo que le sucedió a Eva. La libertad de hacer lo que queremos es esclavitud al ego y al pecado. Solo cuando vivimos dentro de los límites de Dios, podemos experimentar verdadera libertad.

11/2/12

La disciplina divina: Un acto de amor

Leer | HEBREOS 12.5-6 


La Biblia dice que cuando el Señor nos disciplina, lo hace por amor. Pero hay quienes tienen problemas para entender esto. Piensan así: Si el amor de Dios es verdaderamente incondicional, ¿por qué deja que yo sufra por mi pecado?
Primero, es importante comprender qué es, realmente, su disciplina. No es ni castigo ni una forma de "pagar" por nuestras malas acciones, sino un método de corrección. Cuando nuestro Padre celestial la utiliza en nuestra vida, el propósito es traernos de vuelta al centro de su voluntad y evitar que suframos en el futuro o causemos daños a otras personas. Por tanto, la corrección de Dios es un profundo acto de amor.
Usted no demuestra amor si no aplica la disciplina (Pr 13.24); de hecho, está preparando a sus hijos para que cosechen resultados desastrosos y dolorosos por su mal comportamiento y su desobediencia (19.18). Un buen padre disciplina a sus hijos para: (1) evitar que crezca su rebeldía que podría perjudicarlos a ellos mismos y a otros; y (2) para que vuelvan a estar bien.
Pero hay padres que disciplinan no por amor, sino por ira. Pueden pensar que es aconsejable que los hijos le teman al castigo, pero esa no es la razón que Dios tiene (1 Jn 4.18). Por ser Él un Padre misericordioso, su deseo es darnos lo que necesitamos para tener una vida a plenitud.
El amor incondicional de Dios y su disciplina no son contradictorios, sino que van de la mano. A pesar de nuestro pecado, Él está obrando para traernos de vuelta a la senda de la vida. Cuando respondemos favorablemente a su corrección, Él utiliza nuestras circunstancias para nuestro bien.

7/2/12

El plan de Dios en cuanto a las finanzas

Leer | MALAQUÍAS 3.7-12 


Aunque el mundo está lleno de desorden, confusión e incertidumbre, los creyentes en Cristo tienen la maravillosa seguridad de que Dios tiene el control absoluto de cada situación. Cuando Él creó los cielos y la Tierra, tenía un propósito y un plan que llevó a cabo con precisión y orden. Nada fue casual, demorado o incierto. El Señor también tiene un plan para cada uno de nosotros, y cada aspecto de nuestras vidas está no solo bajo su control sino también bajo su cuidado.
Uno de ellos es nuestras finanzas. Si obedecemos el plan de Dios, Él promete administrar nuestro dinero. Ahora bien, eso es una gran bendición. Después de todo, ¿quién cree usted que sabría mejor cómo manejar el dinero: usted o su omnisciente y todopoderoso Creador? Dios promete que si le entregamos la primera parte de todo lo que recibimos, Él proveerá para nuestras necesidades. El Señor tiene una manera asombrosa de hacer que lo que nos quede rinda más que la cantidad original.
Por tanto, considerando las bendiciones de esta promesa y la infalible fidelidad del Dador de la Promesa, ¿qué le está impidiendo a usted obedecer este mandato? La razón más probable es la incredulidad —el temor de probarlo en esto, aunque Él le invita a hacerlo. Pero es posible que se esté preguntando: ¿Y si Él no cumple? ¿Y si por dar no me queda suficiente?
El Señor desea que usted confíe en Él, ¿y qué mejor lugar para probarlo y hacerlo que en sus finanzas? Creer en Él para nuestra salvación parece fácil, pero muchas veces dudamos de que Dios cumpla su promesa cuando se trata de dinero. Dé un paso de obediencia hoy, y descubra cuán fiel es realmente Dios.

1/2/12

Para tener una dirección clara

Leer | SALMO 25.12 


¿Cómo puede usted estar seguro de que está tomando la decisión correcta? A veces, puede parecer que Dios juega a las escondidas cuando tratamos de conocer su voluntad, pero no es así como Él actúa. Él quiere darnos una dirección clara. La verdadera pregunta es: ¿Qué se necesita para escuchar su voz?
Limpiar el camino. Tenemos dos grandes obstáculos que ponen trabas a nuestro discernimiento: el pecado en nuestra vida, y nuestros deseos. Para recibir la dirección del Señor, debemos arrepentirnos de todo pecado conocido, y subordinar nuestros deseos a los de Él.
Ejercer la paciencia. A veces, se necesita mucha fuerza para permanecer quieto cuando todo nuestro ser nos pide a gritos: "¡Date prisa! ¡El tiempo se acaba!" Pero si usted se adelanta a Dios puede errar en su voluntad.Perseverar en la oración. La Biblia nos enseña claramente que traigamos siempre nuestras preocupaciones a Dios. Cuando perseveramos en la oración, Él elimina gradualmente nuestra confusión hasta que llegamos finalmente a conocer su voluntad.
Escudriñar la Biblia. La Palabra de Dios tiene una respuesta para cada necesidad, y el Espíritu Santo sabe cómo dirigirnos a ellas. Recuerdo las veces en que, leyendo la Biblia, un versículo me ha dado la respuesta exacta que necesitaba para tomar una decisión.
Muy a menudo, cuando nos enfrentamos a una decisión importante, todo lo que queremos del Señor es una respuesta rápida. Pero Dios se deleita en reunirse con nosotros para profundizar nuestra relación con Él. No permita que la urgencia de su necesidad le impida disfrutar de la presencia de Dios.

Dos puertas, dos caminos

Leer | MATEO 7.13, 14 


¿Alguna vez ha sido usted acusado de ser un cristiano de mente estrecha? Quienes nos acusan de tal cosa lo hacen con el fin de insultarnos. Pero, según Jesús, ese es el único camino si queremos tener la vida abundante ahora, y la eterna con Él en el cielo. Pero será necesaria una decisión deliberada de nuestra parte, porque nadie toma ese camino de manera automática.
El camino ancho es fácil de hallar. De hecho, a menos que usted tome la decisión consciente de evitarlo, se encontrará en él. A la mayoría de la gente le gusta este camino ancho, porque incluye a todas las filosofías y formas de pensar. Todo es aceptable, y la "verdad" de cada quien es válida. Parece incluso el camino del amor, porque nadie es dejado afuera. No hay restricciones, y la libertad es ilimitada.
Quienes van por este camino no se dan cuenta de que es un descenso en picada a la perdición. Todas las promesas de satisfacción que da terminan al final en frustración, porque es un camino sin Dios. Pero quienes entran por la puerta estrecha de la fe en Cristo, encuentran la paz y el gozo de una relación con Aquel que satisface el corazón. La puerta es pequeña, porque la verdad guarda la entrada. El camino es estrecho, porque el Señor nos protege con límites prudentes.
¿Por cuál camino está yendo usted? No se puede tener un pie en cada uno, porque van en direcciones opuestas. Cuando usted tolera todo, está yendo a la perdición. Pero cuando elige el camino estrecho es cuando comienza a disfrutar de la vida realmente.

31/1/12

El trono de la gracia

Leer | HEBREOS 4.14-16 


Dios Todopoderoso es recto y justo. Romanos 3.23 nos dice que todos hemos pecado, y que no somos aptos para estar en su presencia. Por su ira contra el pecado, estábamos condenados a la separación eterna de Él.
Pero, afortunadamente, la historia no termina ahí. Por su amor y su misericordia, Dios envió a su Hijo a morar entre nosotros. El Señor Jesús experimentó las penalidades y las tentaciones comunes a todas las personas, pero nunca pecó. El Salvador decidió sufrir una muerte horrible en nuestro lugar, pagando el castigo por nuestros pecados.
No hay amor más grande, dice la Biblia, que el del hombre que da su vida por un amigo (Jn 15.13). Pero Jesús fue aun más lejos, al morir por nosotros cuando todavía éramos sus enemigos (Ro 5.10). Realmente, Él se habría sacrificado aunque usted fuera la única persona que haya existido.
Cristo promete perdón y vida eterna a todo pecador que cree en Él y le sigue. Cuando ponemos nuestra fe en Jesús, somos adoptados como hijos de Dios y recibimos su Espíritu que viene a morar en nosotros, y quien nos bendice abundantemente con gozo, paz y dirección. Somos siempre bienvenidos al trono de la gracia, y tenemos acceso a Él en cualquier momento. Él promete escuchar y responder cuando le buscamos con un corazón arrepentido.
No merecemos la invitación del Señor de tener una relación íntima con Él. Sin embargo, por su gracia, Él es tierno y compasivo con nosotros. ¡Qué privilegio tan grande es poder acercarnos al trono del Rey, sabiendo que Él escucha, comprende y nos ama!

30/1/12

El trono de la gloria

Leer | 1 JUAN 1.1-4 

Cuando usted ora, ¿cómo enfoca a Dios? Muchos cristianos visualizan a un ser santo y justo, y se dirigen a Él con sentimientos de temor, indignidad y reserva. Por otro lado, muchos creyentes imaginan al Señor como un amigote, y hablan con Él con poca reverencia.
Ninguna de estas actitudes es saludable. Nuestras mentes no pueden comprender plenamente que Dios es tanto santo como misericordioso. Veamos primero el lado santo y generador de temor del Señor. Al leer el pasaje de hoy, visualice el maravilloso poder alrededor del trono celestial. Esto me llena el corazón de asombro y admiración.
Antes de que Cristo viniera a este mundo, el templo tenía un área llamada el Lugar Santísimo, donde residía la presencia de Dios. Solamente el sumo sacerdote podía entrar —y eso en días específicos, después de la limpieza y preparación ritual. Si no se preparaba exactamente de acuerdo con las normas sagradas, era herido de muerte. Estar en la presencia de Dios requiere obediencia. En verdad, por la absoluta santidad y perfección del Todopoderoso, Él no puede tener comunión con la pecaminosidad, que es la condición de toda la humanidad (Ro 3.9). Por consiguiente, cada uno de nosotros es culpable y merece la condenación. Pero, por fortuna, Dios no nos dejó desvalidos, sino que por su amor y su gracia envió a su Hijo para que fuera nuestro Redentor.
Cada página de la Biblia puede profundizar nuestra comprensión de la grandeza de Dios. ¿Está usted maravillado ante su presencia y sus hechos? Para entender más sobre su carácter, lea su Palabra y medite en ella. Luego, dedique tiempo para alabarlo, pues solo Él es digno de nuestra adoración.

25/1/12

Nuestra gran misión

Leer | MATEO 28.18-20 

Si usted es creyente, es parte del cuerpo de Cristo llamado a llevar su luz a todo el mundo, tanto a nivel personal como colectivo. Aunque muchos ven a la iglesia como una organización social, eso no es lo que dice la Biblia. A veces olvidamos que nuestro propósito no es simplemente tener compañerismo, cantar, predicar y adorar. El Señor Jesús nos confió la buena nueva de la vida verdadera que Él ofrece a todos. Este llamamiento no es solo para "misioneros" —es para cada creyente. Su campo de misión incluye a su familia, amigos, compañeros de trabajo, y quizás incluso a un grupo de personas que Dios ponga en su corazón, a menudo en su propia comunidad.
Antes de regresar al cielo, el Señor Jesús dio a sus discípulos la Gran Comisión; prometió estar con los creyentes hasta el fin del mundo. Esa promesa sigue vigente. Él no nos envía a hacer su trabajo por nuestra cuenta. Al prometer solemnemente que nunca nos dejará, nos dio la seguridad de que todas las tareas que Él da, las realizaremos por medio de su Santo Espíritu.
¡Qué honor es estar incluidos en el plan redentor de Dios para el mundo! Él le invita a usted a tener una parte vital en su obra de transformación de lo que ha sido arruinado, dando nueva vida. ¡Todo lo que usted haga en obediencia, es una oportunidad para que su Espíritu obre poderosamente por medio de usted!
Dios nos sigue dando su mensaje de confianza: Me tendrán a mí como su compañero, su capitán, su victoria. Me tendrán como su recurso, su energía, su unción. Todo lo que necesiten lo encontrarán en mí. ¿De qué manera la grandeza de este llamado cambia su manera de ver su vida cotidiana?

El sacerdocio de los creyentes

Leer | APOCALIPSIS 5.9-10 


Según las Sagradas Escrituras, la ciudadanía del creyente está en el cielo (Fil 3.20). Es decir, no es que vamos a ser ciudadanos de un reino eterno; ya lo somos.
Además, toda persona que confiesa a Jesucristo como Señor es parte del sacerdocio de Dios. En la antigua cultura israelita, los sacerdotes eran los servidores privilegiados del Dios Todopoderoso. Realizaban todas las tareas relacionadas con la observancia de la Ley y la preservación del bienestar espiritual de las personas. Se ocupaban del templo, ofrecían sacrificios, e intercedían a favor de la comunidad.
Cuando Juan dice en Apocalipsis 1 que somos sacerdotes, nos está colocando en la categoría de un pueblo apartado como siervos de Dios. Es una bendición y un llamamiento para reverenciar al Señor, adorarle y honrarle, y para garantizar que toda la gloria sea dada a su nombre.
La única tarea sacerdotal que no tenemos, es realizar sacrificios. Dios mismo ofreció el sacrificio final en la cruz del Calvario, cuando su Hijo murió en nuestro lugar. Nuestra parte es dar testimonio de la anchura y la profundidad de su amor a todas las personas. Una vez que usted comprende el hecho de que Dios ve a sus hijos —todos ellos antes esclavos del pecado— con amor incondicional, no puede callar en cuanto a eso.
Los creyentes son especiales a los ojos de su Dios y Rey. Somos una nación santa y un pueblo adquirido por Dios. ¿Qué está usted haciendo con su vida? Como creyente, usted no es ya dueño de sí mismo (1 Co 6.19). Es un sacerdote y un servidor privilegiado del Dios Altísimo.

23/1/12

¿Realmente nos necesitamos unos a otros?

Leer | 1 CORINTIOS 12.12, 13 


Los creyentes tenemos dos responsabilidades. La primera es adorar a Dios; y la segunda, trabajar en pro de su reino. Dónde servir y cómo hacerlo dependerá de nuestros talentos, capacidades, y llamado especial. Pero el lugar donde se espera que todos demos de nosotros mismos es la iglesia local.
Cuando usted fue salvo, el Señor le bautizó con el Espíritu Santo y le hizo miembro de su iglesia —el cuerpo de creyentes que viven en todo el mundo, pero que están unidos por la fe en Jesucristo. Usted entonces decidió, de acuerdo con la voluntad de Dios, ser parte de un grupo local y autónomo de creyentes. Él le puso allí porque sabía que usted lo necesitaba (1 Co 12.18). Usted es importante para su iglesia local.
La iglesia es más que una comunidad. Es un cuerpo interdependiente con miembros que fueron creados por Dios para funcionar en comunión unos con otros. Nosotros, los cristianos, al igual que el mundo en general, somos un grupo diverso, y eso significa que tenemos que esforzarnos en pro de la unidad. Pero nuestras diferencias son realmente algo para celebrar, porque cada persona contribuye de manera especial al propósito de Dios. Una iglesia que funcione realmente como una unidad —con todos sus dones, talentos, personalidades e intelectos enfocados hacia los objetivos del reino de Dios— debe ser una imagen hermosa a los ojos del Señor.
El cristianismo no es una religión de espectadores. El cuerpo de Cristo funciona mejor y más hermosamente cuando todos los miembros deciden servir a Dios y servirse unos a los otros en la medida de sus capacidades (v. 25). ¿Qué está usted haciendo en pro de su iglesia?

19/1/12

¿Por qué caemos?

Leer | JUECES 14; 16.15 


Si usted no se ocupa de sus debilidades, éstas le destruirán. Las vulnerabilidades pueden acercarle más a Dios o volverle ciego a su amor. José y Sansón enfrentaron tentaciones semejantes, pero respondieron de manera muy diferente. Día tras día, la esposa de Potifar trató de seducir a José, pero él rechazó sus proposiciones (Gn 39.7-9). Sansón, en cambio, cedió voluntariamente ante Dalila (Jue 16.15, 16).
Sansón fue consagrado a Dios, y el Espíritu Santo se movía en su vida (13.25). No obstante, eligió la senda de la intemperancia. Por ser demasiado orgulloso para reconocer su debilidad, vivió negándose a ver la realidad, lo que lo llevó a una falta de disciplina y dejó la puerta abierta a Satanás. Debido a que justificó su debilidad, ésta creció y pronto comenzó a dominar su vida. Al escuchar las mentiras del diablo y a gente impía, cambió la bendición de Dios y su fuerza sobrenatural por el placer sexual irresponsable. Al final, ¿qué obtuvo? Absolutamente nada.
Si se le da la más mínima oportunidad, el pecado se infiltrará en su vida y lo afectará todo, incluyendo su fe, su trabajo, y sus relaciones con familiares y amigos. No hay nada que esté fuera de los límites. Tal vez usted está pensando que no tiene ninguna debilidad con el potencial de destruir su vida; eso es porque Satanás ya le ha cegado a la realidad espiritual que le rodea.
Usted tiene la opción de hacer frente a la tentación como lo hizo José, o como lo hizo Sansón. En momentos de debilidad, ¿depende de Dios, le obedece y le pide fuerzas para vencer? ¿O inventa excusas y se aparta de Él? ¡Qué diferente habría sido la vida de Sansón si hubiera elegido una respuesta diferente!

Debilidad sin control

Leer | JUECES 16.1-24 


El libro de los Jueces habla de un hombre llamado Sansón, que era tan fuerte que podía matar a un león con sus manos (14.5, 6). Tenía una fuerza física como ningún otro ser humano. Pero esto no pudo compensar su debilidad interior.
Todos tenemos puntos débiles. Dios quiere que estos defectos del carácter nos muestren lo absolutamente dependientes que somos de Él. Cuando los manejamos bien, nos llevan a tener una relación más estrecha con el Señor.
El talón de Aquiles de Sansón era su incontrolable sensualidad. Aunque había sido criado en un hogar temeroso de Dios y tenía un claro llamamiento para su vida, cedió a sus deseos y violó deliberadamente la verdad que conocía muy bien. A pesar de que las leyes nazareas prohibían las relaciones con mujeres extranjeras, Sansón se fue tras una ramera de Gaza (16.1). Después, conoció a una mujer llamada Dalila, y aunque la motivación de ésta era claramente desleal, se entregó de corazón, mente y espíritu a la indulgencia sexual. Fue tal su esclavitud al pecado que al final permitió que éste dictara sus acciones, aun a costa de su propia vida.
Antes de morir, Sansón lo perdió todo: sus fuerzas, su vista y su dignidad. El hombre que una vez lideró poderosamente a su país, se convirtió en un esclavo de sus enemigos (vv. 18-25).
¿Cuál es su debilidad? ¿Es la sensualidad, la inseguridad, el temor, la codicia, el chisme, o el orgullo? Cualquiera que sea la propensión al pecado, ésta puede arruinar su vida —como pasó con Sansón— o llevarle a una total dependencia de Dios. El resultado dependerá de usted.

17/1/12

Nuestras convicciones son nuestra defensa

Leer | ROMANOS 14.20-23 


La persona con convicciones ha sido convencida, ya sea por pruebas o por argumentos, de que sus creencias son verdaderas. Hoy día, la mayoría de las personas prefieren vivir más por preferencias que por convicciones.
Deciden creer algo basadas en ciertas condiciones y circunstancias. Cuando la situación cambia, también cambia su lealtad. Es decir, mucha gente vacila en asuntos que requieren determinación firme.
Compare esta débil actitud con el modo de pensar de los grandes hombres y mujeres de la Biblia. A pesar de muchos años de trato injusto, José nunca vaciló en su lealtad a los principios divinos. Como resultado, se encontró en el lugar correcto en el momento adecuado para ocuparse de la supervivencia de Israel (Gn 50.20).
Daniel, otro hombre justo en una tierra idólatra, se ganó la confianza de reyes extranjeros por permanecer firme en sus creencias (Dn 1.20). Cuando sus amigos Sadrac, Mesac y Abed-nego se negaron también a transigir con sus creencias, influyeron sobre un rey para que reconociera a Jehová como el único Dios verdadero (3.29).
Como lo demuestran estos héroes de la Biblia, las convicciones santas pueden soportar los vientos cambiantes de las opiniones y los argumentos elocuentes de los opositores. Si nos aferramos a la Palabra de Dios y confiamos en lo que el Señor ha dicho, podemos mantenernos firmes.
En vez de seguir sus propias preferencias, decida vivir de acuerdo con convicciones santas. La Biblia tiene mucho que decir en cuanto a los aspectos más importantes de su vida. Mediante la oración y el estudio, permita que el Señor le arraigue firmemente en las convicciones bíblicas.

16/1/12

Observe a la hormiga

Leer | PROVERBIOS 6.6-8 


Dios es el Creador ingenioso. Ha integrado muchos de sus principios a la naturaleza para que podemos ver su obra y aprender de Él (Sal 19.1-6). Si usted desea adquirir sabiduría, no deje de mirar a su alrededor.
Ahora bien, si alguna vez usted ha luchado con hormigas en su cocina o su despensa, probablemente la sabiduría no sea la primera virtud que les atribuiría; a lo mejor lo llamaría determinación. Pero, para la persona perezosa, Dios señala a estos diminutos insectos como un ejemplo de vida sabia. Piense simplemente en cuántas características de la hormiga podrían adoptar las personas: preparación, cooperación, perseverancia, diligencia, unidad, y la lista sigue. Por tanto, la interacción con las personas virtuosas no es la única manera de adquirir sabiduría. Dios quiere también que observemos a la humilde hormiga que Él creó para trabajar en comunidad.
Hay mucho que aprender del mundo creado. Al dirigir la atención a las aves, Jesús desafía a sus seguidores a considerar lo absurdo de la ansiedad (Mt 6.26). Las aves no cosechan ni recogen en graneros, sino que dan por sentado que su comida les será dada como siempre ha sido. La lección de esta observación de la naturaleza, es que hay que confiar en que el Señor que alimenta a las aves suplirá también las necesidades de su pueblo.
Nuestra búsqueda de la sabiduría tiene que basarse en la Biblia, y cubrirse de oración. Pídale a Dios "ojos para ver" (Mr 8.18). Luego, aproveche todas las oportunidades para crecer en entendimiento, de modo que su capacidad para vivir de acuerdo con los preceptos de Dios se vea acrecentada.