miércoles, 31 de agosto de 2016

Gozo en Dios en cualquier circunstancia

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Todo nuestro gozo debe concluir en Dios; y nuestros pensamientos de Dios deben ser pensamientos placenteros. Deléitate asimismo en Jehová (Sal. 37:4)... Observe, es nuestra responsabilidad y privilegio regocijarnos en Dios, y regocijarse en Él siempre; en todo momento, bajo toda condición; incluso cuando sufrimos por Él, o somos afligidos por Él. No debemos pensar en lo peor de Él o en los caminos en que encontramos dificultades en su servicio. 

Hay suficiente en Dios para abastecernos de gozo en la peor circunstancia de la tierra ... El gozo en Dios es una responsabilidad de gran repercusión en la vida cristiana; y los cristianos necesitan una y otra vez ser llamados a él.
JP

La creación muestra la Gloria de Dios

Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa.
Romanos 1:20

Desde el átomo hasta la supernova todos vemos claramente la gloria de Dios. Pero viendo no vemos. 

¿Por qué? Pablo dice que es debido a la "impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad" (Ro. 1:18). Vemos, pero nos contenemos. Preferimos las teorías de la evolución natural, irreflexivas, amorales y carentes de amor, a la gloria de Dios. ¡Oh, cuán
profunda es nuestra corrupción! Esto es completamente trágico. En un acto de orgullosa detención nos desconectamos de Dios y del gozo. 

¡Oh, de cuánto gozo quiere Dios que disfruten sus hijos en las bellezas de la naturaleza! No la naturaleza como un fin en sí misma, sino como una casi interminable diversidad de espectaculares maravillas que señalan siempre la magnificencia de Dios. 

"¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; allí este leviatán que hiciste para que jugase en él" (Sal. 104:24-26). El Señor es pródigo en la creación, porque su gloria es infinita en belleza, en diversidad y en grandeza. ¡Qué pena que viendo no veamos! Y nos encomendamos al tipo de placer que animales humanos sofisticados pueden sentir como su interacción química. 
JP

Glorificado sea tu Santo nombre

Romanos 15: 5-11
El ruego de Jesús al contemplar la cruz fue que Él pudiera glorificar a su Padre (Juan 17: 1). Ese debe ser también el deseo de nuestro corazón. Cuando despertemos cada mañana para iniciar un nuevo día y las noticias de tragedias o victorias lleguen a nosotros, nuestro ruego debe ser: “Padre, glorifícate”. En las tareas más sencillas y en las más difíciles, el anhelo del cristiano debe ser que Dios sea glorificado.

Cuando oramos por su glorificación, estamos diciendo: “Señor, haz lo que sea para que recibas mayor honra, y para que seas conocido”. Significa que también estamos rindiendo lo que queremos que sea el resultado. Dios, en su soberanía, decidirá qué será lo que traerá honra a su nombre. Y pase lo que pase, debemos creer que Él ha hecho precisamente eso.

Vivimos en un mundo que se niega a darle al Señor la honra y la alabanza debida a su nombre. La gente rechaza al Hijo y se rehúsa a creer en Él. Pero la gloria de Dios continúa, porque su gloria es la perfección de su carácter, el cual nunca cambia.

Dios nos llama a alabar su nombre. Nosotros no podemos añadirle nada a su gloria, pero sí podemos proclamarla y revelarla. Lo honramos al adorarlo en nuestras iglesias, al testificar de su obra en nuestra vida y al proclamar la verdad de su santa Palabra en nuestras comunidades.

Con nuestras actitudes, acciones y palabras, tenemos el privilegio de mostrar a nuestro Padre misericordioso a un mundo que, aunque hostil, lo necesita desesperadamente. Vengamos y unámonos en amor para darle a Él la gloria.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL EVANGELIO DINERO-CÉNTRICO

Se predica "otro evangelio" no sólo por negar una verdad o enseñar un error, sino también por desenfocar el mensaje.  Muchas herejías parten de algún aspecto de la verdad, pero lo toman aisladamente y lo exageran y distorsionan. A menudo toman algo periférico y secundario, y lo colocan como central y hasta excluyente. El resultado es un "evangelio ex-céntrico", desbalanceado, que termina siendo "otro evangelio". Una verdad fuera de proporción y fuera de su enfoque bíblico, fácilmente se convierte en una herejía.

Así es el caso de la teología de la prosperidad.  Parte de enseñanzas bíblicas muy secundarias, las hacen centrales y definitivas, y contradicen (a lo mejor sin darse cuenta) enseñanzas mucho más claras y centrales de las escrituras. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de "la bendición de Dios que enriquece", y cita la prosperidad de Abraham y otros.  Pero todo el énfasis bíblico cae más bien en la justicia y la igualdad, como se puede ver en la legislación social y económica de Israel`. especialmente el año sabático (Lev 25:1-7; Deut 15, cancelación de deudas y leyes de ayuda a los pobres) y el año de jubileo (Lev 25, con reforma agraria y mucha legislación social).

Los predicadores de la prosperidad han inventado una supuesta "ley de la siembra", malinterpretando 2 Cor 9:10.  Convierten una simple analogía agrícola en una especie de ley natural automática, comparable a la ley de la gravedad o las leyes de la astrofísica.  Pero olvidan que el gran tema central de ese pasaje (2 Cor 8-9), lejos de ser fórmulas mágicas para acumular riquezas, es la invitación a los corintios a demostrar su gratitud a Dios, precisamente ayudando a los pobres de Jeruslén (cf. 1 Cor 9:8-9, el versículo inmediatamente anterior a la analogía agrícola).  El modelo es aquel que "siendo rico se hizo pobre por nosotros" (8:9), no el "testimonio" de algún pobre que se hizo rico o, aún más común, de un rico que se hizo más rico, sin mencionar aquellos que "sembraron" pero nunca salieron de su pobreza. Además, 8:14 insiste dos veces en que Dios quiere la mayor igualdad posible, no el enriquecimiento desproporcionado de algunos pocos.

Fuera del mundo evangélico, la teología de la prosperidad ha sido un escándalo y un tropiezo, una vergüenza para la fe.  Alberto Cañas, renombrado autor costarricense, lo caracterizó como la doctrina que "el rico lo es porque Dios lo premia, y el pobre porque Dios lo castiga.  Ergo, los ricos son los elegidos de Dios" (La República, 4 de julio de 2007).  Esa es la impresión que produce esa teología entre los de afuera.

El evangelio, en cambio, nos llama a entregarnos para que todos tengan lo suficiente, que la brecha entre ricos y pobres sea mínima, y que no haya injusticia.

lunes, 7 de abril de 2014

Cuando sufrimos

Leer | Juan 16.33

La Biblia nos enseña varias lecciones prácticas sobre el sufrimiento:

Primero, está bien pedir una alternativa al sufrimiento, como lo hizo Jesús, pero debemos elegir la voluntad de Dios por encima de todo. Nuestra mejor respuesta a la adversidad es “Señor, ¿qué quieres que aprenda por medio de esto?”

Segundo, en la noche que fue traicionado, el Señor Jesús pidió a sus amigos más cercanos que se mantuvieran despiertos para orar. Necesitamos contar con el apoyo de amistades cristianas, especialmente durante las pruebas. Los amigos verdaderos nos dirán la verdad con afabilidad, animarán y orarán por nosotros.

Tercero, es natural que tengamos dificultades para orar cuando el dolor es intenso. En esos momentos, un simple “Ayúdame” es suficiente. Dios quiere que reconozcamos su señorío, pero no espera que tengamos las palabras perfectas. Él sabe lo que necesitamos antes de pedir, y tiene el poder de dárnoslo.

Cuarto, debemos resistir la tentación de culpar a otros. Jesús fue traicionado y rechazado, pero le pidió a Dios que perdonara a quienes lo crucificaron. Del mismo modo, no debemos culpar a los demás por nuestro dolor. Al acudir a Dios en tiempos difíciles, elegimos confiar en su autoridad final. Es posible que nuestro Padre celestial no haya causado la dificultad, pero sí la permitió, y la usará para su gloria y para nuestro bien.

Por amor, Dios permite el dolor, pero también le pone un límite a su duración e intensidad. Usted no sufre sin que esté presente Aquel que le sostendrá, ayudará y, al final, le sacará adelante en su angustia.

encontacto.org

Hay muchas cosas que no comprendemos y puede que nos creen un "conflicto" (ej. Por qué sufren los buenos). El sufrimiento del cristiano en el contexto de un Dios de amor puede crear una sensación de desconfianza pero tengan por seguro, que al igual que la situación puede llegar a ser inexplicable y dolorosa, también Dios, en su amor por sus hijos, nos llena de una paz en medio de la prueba que tampoco tiene explicación. 

martes, 4 de marzo de 2014

La Palabra, o sea Dios, nos habla continuamente. No hagas oídos sordos

Tengo la esperanza de que estas Palabras del Todopoderoso lleguen al fondo de sus corazones y sean transformados por medio del poder del Espíritu Santo para la gloria del Altísimo.
Dios les bendiga y nos muestre que sus Palabras "Son más deseables que el oro, más que mucho oro refinado; más dulces que la miel, la miel que destila del panal" Salmos 19:10

Salmos 1
1 Dichoso el hombre
    que no sigue el consejo de los malvados,
    ni se detiene en la senda de los pecadores
    ni cultiva la amistad de los blasfemos,
2 sino que en la ley del Señor se deleita,
    y día y noche medita en ella.
3 Es como el árbol
    plantado a la orilla de un río
que, cuando llega su tiempo, da fruto
    y sus hojas jamás se marchitan.
    ¡Todo cuanto hace prospera!
4 En cambio, los malvados
    son como paja arrastrada por el viento.
5 Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio,
    ni los pecadores en la asamblea de los justos.
6 Porque el Señor cuida el camino de los justos,
    mas la senda de los malos lleva a la perdición.

Salmos 16
1 Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.
2 Yo le he dicho al Señor: «Mi Señor eres tú.
    Fuera de ti, no poseo bien alguno.»
3 Poderosos son los sacerdotes paganos del país,
    según todos sus seguidores.
4 Pero aumentarán los dolores
    de los que corren tras ellos.
¡Jamás derramaré sus sangrientas libaciones,
    ni con mis labios pronunciaré sus nombres!
5 Tú, Señor, eres mi porción y mi copa;
    eres tú quien ha afirmado mi suerte.
6 Bellos lugares me han tocado en suerte;
    ¡preciosa herencia me ha correspondido!
7 Bendeciré al Señor, que me aconseja;
    aun de noche me reprende mi conciencia.
8 Siempre tengo presente al Señor;
    con él a mi derecha, nada me hará caer.
9 Por eso mi corazón se alegra,
    y se regocijan mis entrañas;
    todo mi ser se llena de con

Salmos 103
1 Alaba, alma mía, al Señor;
    alabe todo mi ser su santo nombre.
2 Alaba, alma mía, al Señor,
    y no olvides ninguno de sus beneficios.
3 Él perdona todos tus pecados
    y sana todas tus dolencias;
4 él rescata tu vida del sepulcro
    y te cubre de amor y compasión;
5 él colma de bienes tu vida
    y te rejuvenece como a las águilas.
6 El Señor hace justicia
    y defiende a todos los oprimidos.
7 Dio a conocer sus caminos a Moisés;
    reveló sus obras al pueblo de Israel.
8 El Señor es clemente y compasivo,
    lento para la ira y grande en amor.
9 No sostiene para siempre su querella
    ni guarda rencor eternamente.
10 No nos trata conforme a nuestros pecados
    ni nos paga según nuestras maldades.
11 Tan grande es su amor por los que le temen
    como alto es el cielo sobre la tierra.
12 Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones
    como lejos del oriente está el occidente.
13 Tan compasivo es el Señor con los que le temen
    como lo es un padre con sus hijos.
14 Él conoce nuestra condición;
    sabe que somos de barro.
15 El *hombre es como la hierba,
    sus días florecen como la flor del campo:
16 sacudida por el viento,
    desaparece sin dejar rastro alguno.
17 Pero el amor del Señor es eterno
    y siempre está con los que le temen;
su justicia está con los hijos de sus hijos,
18  con los que cumplen su pacto
y se acuerdan de sus preceptos
    para ponerlos por obra.
19 El Señor ha establecido su trono en el cielo;
    su reinado domina sobre todos.
20 Alaben al Señor, ustedes sus ángeles,
    paladines que ejecutan su palabra
    y obedecen su mandato.
21 Alaben al Señor, todos sus ejércitos,
    siervos suyos que cumplen su voluntad.
22 Alaben al Señor, todas sus obras
    en todos los ámbitos de su dominio.
¡Alaba, alma mía, al Señor!

Romanos 5:1-8
1 En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos[a] paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
3 Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia;
4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.
5 Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.
6 A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados.
7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena.
8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 8
Vida mediante el Espíritu
1 Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,
2 pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
3 En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana,
4 a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.
5 Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.
6 La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.
7 La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.
8 Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.
9 Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
10 Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia.
11 Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.
12 Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.
13 Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán.
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»
16 El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
17 Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

La gloria futura
18 De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros.
19 La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios,
20 porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza
21 de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
22  Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto.
23 Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo.
24 Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene?
25 Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia.
26 Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.
27 Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.

Más que vencedores
28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
30 A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.
31 ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?
32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, , ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?
33 ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica.
34 ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.
35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?
36 Así está escrito:

«Por tu causa siempre nos llevan a la muerte;
    ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!»

37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes,
39 ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

Mateo 6:25-34

De nada sirve preocuparse
25 »Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?
26 Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?
28 »¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan;
29 sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.
30 Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?
31 Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” 32 Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan.
33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.
34 Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

1 Corintios 13

1 Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
2 Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada.
3 Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.
4 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.
5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
6 El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.
7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.
9 Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta;
10 pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño.
12 Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido.
13 Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.

domingo, 2 de marzo de 2014

Nuestro Padre perdonador

Leer | Lucas 15.11-24

Cuando le guardamos rencor a una persona, experimentamos una forma de esclavitud acompañada de sentimiento de culpa y de la convicción de que Dios tiene que condenarnos por nuestro pecado. Si esa es su situación, entonces necesita entender el perdón divino.
La Biblia enseña que el perdón le pertenece a Dios. La lectura de hoy lo aclara con la parábola del hijo pródigo. En esta historia, el menor de dos hermanos recibió su herencia anticipada y la gastó irresponsablemente. Con el tiempo, no le quedó nada, y tuvo que trabajar entre cerdos. Pero al regresar desesperado a su hogar, su padre le dio la bienvenida con los brazos abiertos y con una celebración sin haber hecho nada para ganarse el perdón de su padre.
Si queremos entender el perdón, tenemos que aceptar que la motivación de Dios para perdonar los pecados se encuentra solamente en Él y en su amor. Al igual que el hijo pródigo, no hay nada que podamos hacer para ganarlo.
El hijo pródigo “volvió en sí” (v. 17), es decir, comenzó a pensar en la situación que él mismo había creado. Nosotros hacemos lo mismo cuando nos arrepentimos —estamos de acuerdo con Dios en que nuestros delitos eran pecado, y decidimos apartarnos de ellos.
Nuestro perdón fue solucionado en la cruz, y se aplicó a cada uno de nosotros cuando recibimos al Señor Jesús como Salvador. Por tanto, cada vez que usted peque, confiese a Dios su conducta (1 Jn 1.9). Entonces, no llevará el peso de la culpa, y podrá disfrutar de la comunión con su Padre celestial.

jueves, 27 de febrero de 2014

La humildad en la vida del creyente

Jesús vivió sus días terrenales con un espíritu humilde, y enseñó que también debemos demostrar humildad. A los ojos de Dios, quienes se vuelven como niños son honrados (Mt 18.4); quien desee ser el primero, debe tomar el último lugar (Mr 9.35); y el servicio humilde es una señal de elevación (Mt 23.11). Con sus enseñanzas, nuestro Salvador cambió la definición de grandeza. En el cielo, la mansedumbre es un atributo de honra.
La humildad no se origina automáticamente en las personas que tienen pocas posesiones materiales, o en quienes se desprenden de lo que tienen. Una persona rica puede ser modesta, y una persona pobre ser orgullosa. El éxito no tiene que llevar al orgullo, ni tampoco la derrota significa humildad. Lo que determina la humildad es la actitud. El Señor Jesús promete a los que se humillan, que serán enaltecidos por su Padre celestial. Pero advierte que quienes se pongan en primer lugar encontrarán la oposición de Dios (Stg 4.6).
Al reconocer que no podemos lograr nada en la vida sin el Señor habremos comenzado a recorrer el camino de la humildad. Cuando renunciemos a nuestros planes y aceptemos los del Padre celestial estaremos dejando atrás el orgullo. Si somos malinterpretados o tratados injustamente, pero seguimos donde estamos hasta que el Señor nos diga que hablemos o actuemos, habremos entonces comenzado a vivir con la humildad que agrada a nuestro Salvador.
El Señor Jesús ofrece ser nuestro Gran Maestro para que podamos aprender las virtuosas lecciones de la humildad.

encontacto.org

El modelo de humildad

La humildad se caracteriza por una actitud que no busca su propia exaltación o reivindicación. Esta cualidad no se encuentra, sin duda, en todo el mundo. Pero en el reino de Dios, es un atributo esencial que deben tener los seguidores de Cristo.
La vida de Jesús es el ejemplo perfecto de lo que significa ser “humilde”. Para convertirse en hombre, dejó la gloria, la majestad y el poder que eran suyos en el cielo. El Señor se vació voluntariamente a sí mismo —así como se vacía un vaso de agua— y por el propósito de servirnos se privó de todo lo que tenía con su Padre.
Pero no solamente eso, como hombre, Jesús adoptó el papel de un siervo humilde. Se sometió a sí mismo por amor al plan de su Padre, y renunció incluso a sus derechos terrenales para rescatarnos del pecado. Soportó críticas, el ridículo, la incredulidad, y finalmente, la crucifixión para ayudarnos.
Su humildad no tuvo límites. Se humilló delante del Padre para convertirse en el Cordero de Dios, y lo hizo a la vista de todo el mundo, aunque fue tildado de criminal y condenado injustamente. Su vida demuestra la importancia de ser humilde, y nos da un modelo claro a seguir.
Los discípulos no entendieron esto sino después, ya que no esperaban un Mesías en forma de un siervo. Los líderes del mundo se sintieron amenazados porque el llamado de Jesús de seguir su estilo de vida no les daría la importancia que ellos deseaban. Las multitudes estaban desconcertadas porque no entendían el peligro del orgullo, pero el Padre vio la mansedumbre de Jesús, y quedó agradado.
¿Qué actitud ve Dios cuando nos ve?

jueves, 30 de enero de 2014

Cuando el temor nos invada

Leer | Isaías 41.10

A lo largo de toda la Biblia, el Señor nos anima a no temer ni a estar ansiosos. Como hijos suyos, no tenemos ninguna razón para temer. Por supuesto, hay motivos para que seamos muy cautelosos en lo que hagamos, pero el pueblo de Dios no debe vivir en un estado de ansiedad.

Podemos identificar al menos seis ansiedades comunes: el temor a la crítica, a la enfermedad, a la vejez, a la muerte, a la pobreza, y a la pérdida de un ser querido. Aunque son preocupaciones universales, en realidad son síntomas de algo muy profundo en nuestro interior, que alimenta nuestros temores.

Algunas de las causas son:

Una sensación fundamental de insuficiencia. Por nuestra manera distorsionada de pensar, muchas veces nos sentimos incompetentes de enfrentar ciertos retos o tareas que sí podemos vencer.

La tendencia a fijarnos estándares poco realistas. Podemos ir por la vida tratando de estar a la altura de expectativas muy elevadas que nos hemos impuesto nosotros mismos, no en los objetivos que Dios nos ha fijado.

Una sensación innata de falta de méritos. Es sorprendente cuántas personas no tienen éxito en la vida porque simplemente no creen que merecen tenerlo.

En medio de nuestros temores y ansiedades, necesitamos recordar la promesa de Dios que se encuentra en el pasaje de hoy. “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Es importante que levantemos nuestra vista al Señor, no mirar las circunstancias que nos rodean.

encontacto.org