jueves, 5 de julio de 2012

LA SENDA DEL CRECIMIENTO ESPIRITUAL

Leer | ROMANOS 8.29

Dios nos ha predestinado para que seamos hechos conformes a la imagen de Jesucristo, pero esto no sucede en el momento que somos salvos. Aunque somos redimidos por la sangre preciosa del Salvador y tenemos de inmediato un corazón nuevo, nuestra transformación es un proceso que dura toda la vida.

El Espíritu Santo hace posible esta transformación pues nos es imposible sin Él, no importa nuestros esfuerzos.

Una manera de dar entrada entusiasta a Dios a nuestras vidas, es mediante la obediencia al mandato de Romanos 12.2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…”

Toda persona elige, bien sea una filosofía bíblica o una filosofía del mundo como su fuente de verdad, y esa elección moldea la mente y el espíritu. Por tanto, el Señor nos dice que empapemos nuestra mente de las Escrituras, dejando que Él nos moldee.

La peregrinación de los israelitas por el desierto ilustra este principio. Después que Dios los salvó del dominio de Faraón, no los trajo de inmediato a la Tierra Prometida. Él sabía que hacerlo sería dejar que siguieran teniendo una vida pecaminosa. Por eso los llevó al desierto y les dio los Diez Mandamientos. Solo después que aprendieron a obedecer y a volverse a Dios, estuvieron listos para dar el paso siguiente.

El proceso de la santificación no siempre es agradable. Pero, por su admirable sabiduría y su amor maravilloso, Dios sabe lo que necesitamos para apartarnos de los viejos caminos que llevan a la muerte. Y Él crea un nuevo carácter en nosotros, lleno de vida y de contentamiento.

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